"The Celtics are not a basketball team, they're a way of life"

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Biografía de Danny Ainge

DANNY BOY

Ese chico malo con cara de no haber roto jamás un plato que se ganó a la afición con su lucha y entrega, incluso a pesar de no tener el talento de algunos de sus ilustres compañeros. Ese era Danny Ainge.

Amado por los aficionados, respetado por sus compañeros y odiado por rivales. Genio y figura, sigue dando que hablar en Boston. Criticado por algunos, por su gestión como presidente de operaciones, puede ahora presumir de estar al mando de un equipo campeón tras muchos años de derrotas. No es la primera vez que se le cuestiona pero echando un vistazo a sus logros parece evidente que apostar en su contra es sinónimo de derrota.

Nacido el 17 de marzo de 1957 en Eugene (Oregon), Daniel Ray Ainge fue uno de esos atletas multideporte. Estrella del baloncesto, profesional del béisbol, incluso brilló jugando a fútbol americano en high school. Seguramente hubiera destacado en cualquier disciplina deportiva en la que hubiese participado. Esa mezcla de talento natural, dotes atléticas y carácter competitivo, fue sin duda una garantía de éxito. Ya en High School conquistó dos campeonatos consecutivos para North Eugene H.S. en 1976 y 77, siendo All-America Team, y consiguiendo todos los honores estatales .

En su etapa universitaria llevó a Brigham Young University (BYU) a los cuartos de final del Torneo NCAA. En la memoria de mucha gente quedó esa canasta sobre la bocina ante Notre Dame que le daba la victoria a su equipo 51-50. Tras ganar el premio John Wooden como “Jugador del Año” en 1981, fue elegido por Boston Celtics en la segunda ronda (elección 31) del Draft de 1981.

Sin embargo Celtics tuvo problemas para hacerse con el rubio de Oregon. Y es que el equipo de béisbol Toronto Blue Jays se hizo con sus derechos años antes, en el Draft de 1977, incluso disputó partidos con el equipo canadiense durante los veranos en su etapa en BYU. Tras una batalla legal, Ainge pudo recalar finalmente en Boston. Intentó fortuna en el “juego favorito” de América, pero sus modestas estadísticas le hicieron decantarse totalmente por el baloncesto.

Tampoco iba a ser fácil su inicio en el mundo del baloncesto profesional. En la autobiografía “Drive” de Larry Bird se puede leer como el equipo se burlaba del porcentaje de tiro de Ainge en sus inicios. Algunos sugerían que su discreto promedio de bateo de .220 era incluso mejor que su porcentaje de acierto en las canchas de baloncesto. Con el tiempo, fue el lanzamiento precisamente una de sus mejores armas. Se convirtió en un especialista en el tiro de larga distancia, siendo el segundo jugador en la historia en llegar a los 900 triples anotados, acabando su carrera con 1002, todavía hoy está entre los 50 jugadores que más triples han encestado en la historia de la liga. Como siempre, la tenacidad de Ainge no entendía de obstáculos.



Disputó 7 temporadas en Celtics con un promedio de 11'3 puntos y 4'4 asistencias por encuentro, con un 38'6% en lanzamientos triples. Ganó dos campeonatos con Celtics en 1984 y 1986, disputó hasta seis Finales, cuatro en Boston. Ocupa el tercer puesto en la lista de jugadores con más partidos de playoffs a sus espaldas con 193. Disputó el All-Star de 1988. Fue líder de la liga en triples la temporada 1987-88 con 148, acabó entre los cinco primeros en 4 temporadas consecutivas (1986-90). Pero estadísticas al margen, Ainge fue ante todo un jugador que luchó y se entregó al máximo hasta hacerse con un lugar importante en un equipo histórico, un equipo ya muy consolidado y con caracteres muy especiales.

Todo el mundo recuerda el partido en el que el mejor jugador de todos los tiempos, Michael Jordan anotó 69 puntos en el mítico Boston Garden. En un momento caliente de ese encuentro, Ainge tuvo la valentía de "buscar" a Jordan en un uno contra uno. Subió el balón, mandó apartarse a sus compañeros y retó a MJ con la mirada. Penetró con la defensa pegajosa de Jordan, y con un acróbatico tiro y un pelín de suerte acabó anotando ante la admiración de los presentes. Por supuesto Jordan tomó venganza a ese desafío en la siguiente jugada. Pero esa imagen de Ainge retando al mismísimo Jordan, es una imagen que no olvidaré jamás.

En 1989 fue traspasado a Sacramento Kings junto a Brad Lohaus a cambio de Ed Pinckney y el joven pivot Joe Kleine, a quien Celtics veía como un posible sustituto del veterano Robert Parish (ay que equivocados estaban...). A pesar del indiscutible liderazgo de Ainge y de los más de 20 puntos de promedio, Sacramento no pudo llegar a playoffs. Tras su paso a Portland Trail Blazers, con quien alcanzó incluso las Finales de 1990, y donde por cierto consiguió una marca récord de 9 puntos anotados en una prórroga de un partido de playoffs, algo nunca logrado hasta la fecha; acabó su carrera en Phoenix firmando como agente libre y alcanzando nuevamente las Finales de 1993. Al acabar la temporada 94-95 Ainge colgó las botas. Fueron catorce años en la NBA, repartidos en Boston, Sacramento, Portland y Phoenix. Entrenó también a Phoenix Suns. Trabajó como comentarista en televisión y actualmente como Director de operaciones de Boston Celtics.


“Sé que la relación entre Danny y Boston Celtics será una gran relación. Es trabajador, tiene una gran personalidad, es inteligente y sangra verde”. Esas fueron las palabras del presidente Red Auerbach. el 9 de mayo de 2003, el día que Danny Ainge fue nombrado Director de operaciones de baloncesto. Su labor en los despachos no puede calificarse de otra manera más que de EXITOSA.

Tras algunas decisiones impopulares pero necesarias, como el traspaso del carismático Antoine Walker, la salida del peculiar entrenador Jim O'Brien y la fuerte apuesta por Doc Rivers para llevar las riendas del equipo desde el banquillo, Ainge ha demostrado tener un buen ojo en el Draft, que le ha servido para tener un valor activo mediante el cual obtener vía traspaso a dos jugadores del nivel de Kevin Garnett y Ray Allen.


La confianza que en él depositaron el actual grupo propietario encabezado por Wyc Grousbeck, y el malogrado Red Auerbach, ha propiciado que Danny haya podido devolver a Celtics el “orgullo del campeón”, el logro del 17º anillo tan anhelado por unos aficionados que se habían acostumbrado a perder. Con Danny Boy, los Celtics vuelven a ser una franquicia ganadora.

Larry Bird en estado puro

10 minutos de magia. Pases geniales, tiros imposibles, jugadas increíbles. Colección de jugadas para recordar una leyenda: Larry Bird.

Celebración del Campeonato del 86

Emotivas imágenes en directo reatrasmitidas por la CBS al finalizar el sexto encuentro de las Finales de 1986 entre Celtics y Rockets. Era un 8 de junio y Boston ganó 114-97 imponiéndose 4-2. Fue el décimosexto anillo. Y estas escenas fueron las que se vivieron nada más finalizar el encuentro. Espectacular invasión de la cancha.

El "Big Three" de los 80.

Algunas imágenes del magnífico Big Three que formaron Larry Bird, Kevin McHale y Robert Parish entre el 81 y el 92. Doce años de magia. Comentado por Parish.


El "REGRESO" de Bird

Sucedió el 5 de mayo de 1991, en una serie de playoffs de primera ronda ante Indiana Pacers. Era el quinto y definitivo partido. Bird sufrió una contusión en una caída tras una pugna por un balón en la primera parte. Se golpeó en la cara. Tras el descanso retorna y ante la ovación del Boston Garden anota 32 puntos que son la salvación de su equipo. Una muestra más del pundonor ante la adversidad que demostró Bird en su carrera.

Biografía de Robert Parish

Robert Parish, "the Chief"

Robert Parish, apodado “el jefe” por Cedric Maxwell basándose en un personaje de la película “Alguien voló sobre el nido del cuco”, fue un jugador conocido por su fuerza y resistencia. Una resistencia que le ha llevado a ser el jugador que más partidos ha jugado en la historia de la liga, 1.611, superando a Abdul-Jabbar. Formó parte de los míticos Celtics de los 80, junto a Bird y McHale, con quienes ganó 3 anillos, cumpliendo un papel fundamental. Jugó 13 años en Celtics siendo 10 veces All-Star. Y aún tuvo tiempo de culminar su amplia carrera ganando un cuarto anillo con Chicago Bulls en el 97.

Parish era uno de esos jugadores cuya sola presencia intimidaba al rival, un jugador respetado por compañeros y rivales. Su rostro imperturbable, serio y concentrado es la imagen que a todos se nos viene a la mente cuando le recordamos. Y entre sus mejores movimientos pasará a la historia por esa suspensión a media distancia soltando el balón desde muy arriba, prácticamente indefendible y efectivo como el que más. “Ha sido probablemente el pivot con mejor tiro a distancia de la NBA” dijo Bill Walton.

Nació un 30 de agosto de 1953 en Shreveport, Louisiana. En su ciudad natal, disputó sus 4 años universitarios en el pequeño Centenary College con unos promedios espectaculares de 22 puntos y 17 rebotes. Fue elegido en el draft de 1976 con el número 8 por los Golden State Warriors, donde inició su carrera profesional.


Los Warriors eran un equipo venido a menos, pese a que habían conseguido el título del 75. Parish consiguió 9 puntos de promedio en su primer año y ya no bajó de dobles dígitos en 17 temporadas consecutivas. En la campaña 78-79 se fue a más de 17 puntos y 12 rebotes de media. Esa misma temporada capturó 32 rebotes en un partido ante New York.

Al finalizar la liga del 79-80, tras 3 años consecutivos quedando fuera de playoffs y 2 siendo colista de la Pacific Division se produjo un traspaso que le dio una nueva dimensión a su carrera. El 6 de junio de 1980 Parish junto a una elección del draft que a la postre fue Kevin McHale recaló en Celtics a cambio del número uno del draft (Joe Barry Carroll) y la elección 13 (Ricky Brown). Además de con McHale, en Boston se encontró con Larry Bird, Nate Archibald y Cedric Maxwell. El resto es historia.

Su carrera en Celtics fue larga y exitosa. Se adaptó perfectamente a la idiosincrasia de la franquicia y congenió a la perfección con sus campañeros y el juego del equipo. Parish reconoció tiempo después que “siempre he sido un Celtic. Fue donde mi carrera empezó a tomar sentido. Es difícil incluso para mí poder definir la calidad que había en ese equipo. Algunas noches me asombraba con nuestro rendimiento. Veía lo que hacían Kevin y Larry con sus defensores y pensaba; este es un equipo muy especial."

En su primera temporada sus números eran ya sensacionales: 19 puntos y 9'5 rebotes disputando todos los partidos de regular season. Y en lo colectivo no le podía ir mejor. Los Celtics se hacía con el anillo en unas finales en las que “the chief” tuvo que lidiar con la más fea: Moses Malone. Había nacido el “Gran trío”; Bird, McHale y Parish comenzaban a hacer estragos en el juego interior ante cualquier rival que se pusiera en su camino.

Quizá la temporada 81-82 fue individualmente su mejor temporada. Se quedó a una décima de los 20 puntos por partido, además de 10'8 rebotes, 2'4 tapones y 54'2 % en tiros de campo; todo eso en apenas 31'7 minutos por juego. Colosal. Su impacto fue tal que quedó segundo en la votación para MVP, por detrás de su compañero Larry Bird. Parish mejoró aún más sus números en playoffs hasta alcanzar los 21'3 puntos y 11'1 rebotes. Pero su esfuerzo fue inútil y Celtics cayó en la final de conferencia ante Philadelphia 76ers.

Después de esas dos grandes campañas, Parish aumentó a 7 sus All-Stars consecutivos. Y en lo colectivo aún ganó 2 anillos más con Celtics en 1984 y 1986. Incluso cuando las lesiones y la veteranía empezó a hacer efecto en el equipo: La espalda de Bird, los talones de McHale, incluso el "incombustible" Parish en 1987 tuvo que ausentarse (cortando así una racha de 116 partidos consecutivos de playoffs) por una torcedura de tobillo ante Milwaukee Bucks; Parish siguió rindiendo a un altísimo nivel. En la 88-89 con 35 años promedió 18'6 puntos y 12'5 rebotes ( su mejor marca), siendo elegido en el 3º mejor equipo de la temporada. En lo colectivo en cambio los Celtics sólo lograron un balance de 42-40 después de que una lesión de Bird al inicio de temporada lo limitara a 6 partidos.


Consiguió ser All-Star nuevamente con 36 y 37 años. En la 92-93 se convirtió en el jugador más longevo de la liga. Su cuerpo parecía resistirse a abandonar. A la edad de 40 años logró promediar 12 puntos y 7 rebotes, incluso esa campaña llegó a jugar 51 minutos en un partido que Celtics acabó venciendo a los actuales campeones Chicago Bulls en la prórroga.

Con la retirada de Bird en el 92 y McHale en el 93, Parish se quedó como el único representante del “Big Three”. Una era había acabado en Boston, y tras finalizar la temporada 93-94, Parish y Celtics decidieron seguir caminos diferentes, en una decisión que no fue muy entendida entonces. Jugó dos temporadas más en Charlotte Hornets y firmó finalmente por Chicago Bulls en la 96-97 con quienes consiguió, aunque con un papel secundario, un nuevo anillo.

Poco después anunció su retirada de la misma forma como había tratado de vivir su carrera deportiva, lo más discretamente posible, sin ninguna multitudinaria rueda de prensa. Sencillamente aprovechó una entrevista el 25 de agosto de 1997 para decir: “Creo que ya es la hora. Siento en mi corazón que ya es la hora de marcharse.”

Biografía de Kevin McHale



Kevin McHale poseía unas condiciones físicas ideales para jugar al baloncesto, su estatura y sus largas extremidades le hacían tener ventaja ante sus rivales. Su silueta es inolvidable para los que vimos el baloncesto en los años 80. Y formó junto a Larry Bird y Robert Parish, seguramente, el mejor frontcourt de todos los tiempos, recordado para la eternidad como el primer "Big Three". Se retiró en 1993 con tres anillos, siete presencias en el All-Star, dos veces ganador del premio a mejor sexto hombre de la liga y seis veces elegido en el primer o segundo mejor equipo defensivo

Poseía una variedad de movimientos de pies envidiable. Su marcador realmente tenía un serio problema cuando Kevin se hacía con el balón. McHale no tenía una posición preferida, ni siquiera un movimiento favorito. Podía jugar en el fondo o en medio de la zona. Irse por la derecha o por la izquierda. Fintas, ganchos, tiros por elevación, etc. Su repertorio no tenía límites. Hubbie Brown (ex-coach de la NBA) dijo de él una vez: "Se ha convertido en uno de los postes bajos más difíciles de defender, sobretodo cuando tiene la posición cogida, de la historia del baloncesto. Un jugador absolutamente imparable, por su agilidad, su diversificación de movimientos y sus largos brazos que le permiten encontrar ángulos imposibles en tiros sobre jugadores más altos o saltadores explosivos".

Vamos a hacer un breve repaso a sus biografía e inicios en el mundo del baloncesto. Nació un 19 de diciembre de 1957 en la fría Minnesota. De hecho cuando llegó al Instituto Hibbing su verdadera pasión era el hockey hielo, un deporte de mucho tirón en el estado de Minnesota. Pero durante esos años de instituto su cuerpo sufrió un estirón espectacular y pasó de medir 1'75 a 2'08. Y así fue como el entrenador de baloncesto del instituto Hibbing, Gary Addington, empezó a trabajar en él, en su equilibrio y coordinación, después trabajando el 1x1. Incluso a pesar de su estatura, le obligó a jugar en el poste alto. McHale reconoce que "podría haber conseguido 30 puntos por partido habitualmente jugando de espaldas al aro, pero Gary quiso que aprendiera todos los fundamentos del juego".

Universidades importantes como Utah no tardaron en fijarse en él, sin embargo se decantó por quedarse cerca de casa, en la universidad de Minnesota. Allí jugó de ala-pivot formando pareja con Michael Thompson (aquel pivot que jugó posteriormente en los Lakers). McHale destacó desde el primer día, y en su año senior (1979-80) sus números eran de más de 17 puntos, más de 8 rebotes y un 57% en tiros de campo llevando a los Gophers al título de la NIT.

Se acercaba el draft. Los Knicks estaban muy interesados en elegirle con el pick 12 en el draft de 1980, pero se produjo un intercambio importante, y a la postre histórico, que le hizo caer en Celtics. Red Auerbach traspasó su pick 1 a Golden State Warriors a cambio del pick 3 y los derechos de Robert Parish. Después de que Golden State eligiera a Joe Barry Carroll y Utah a Darrell Griffith, el gran Red, conta todo pronóstico, eligió a Kevin McHale, y de un plumazo, juntó la base de un equipo que haría historia durante 12 años.





McHale empezó en Celtics con un importante papel de "sexto hombre", un papel que aceptó y desempeñó con gran éxito. Bill Fitch apostó por esa fórmula y Celtics consiguió el anillo del 81. Como rookie, Kevin promedió 10 puntos, 4 rebotes y 2 tapones, siendo elegido en el mejor quinteto de novatos.

Tras dos años sin anillo, McHale siguió progresando, seguía siendo sexto hombre, pero McHale se convirtió en un jugador estelar. Con K.C. Jones de head coach, se convirtió en el mejor sexto hombre de la liga con unos promedios de 31 minutos, 18 puntos, 7 rebotes y 56%, apareciendo incluso en el All-Star Game. Esa temporada, los Celtics volvieron a ganar el anillo, en una dura batalla a 7 partidos frente al eterno rival, Los Angeles Lakers.

Pero el progreso de McHale no se detuvo, de hecho mejoró su estadística de puntos en cada una de sus seis primeras temporadas. En la temporada siguiente, la 84-85, McHale se fue a cerca de 20 puntos y 9 rebote ayudando a conseguir para su equipo 63 victorias. Celtics no ganó el anillo, pero sus números mejoraron aún más en playoffs (22 puntos y 10 rebotes).

Aunque sólo era una formalidad, la temporada siguiente, con la marcha vía traspaso de Cedric Maxwell, McHale se convirtió en lo que realmente era por su importancia, en el ala-pivot titular. Y junto a Dennis Johnson, Danny Ainge, Larry Bird y Robert Parish (quizá el quinteto más inolvidable en la cabeza de cualquier amante del baloncesto), firmó una temporada (la 85-86) espectacular, ganando 67 partidos, con un balance de 40-1 en el Boston Garden, y un juego extraordinario. Para algunos ese fue el mejor equipo de la historia. En el plano personal, McHale volvió a tener una gran temporada, en playoffs mostró un sobrebio juego, y contribuyó con sus 25 puntos de promedio a derrotar en la final a los Houston Rockets de las "Torres gemelas" Olajuwon y Sampson.

Al año siguiente se fue a más de 26 puntos y 10 rebotes liderando la liga con un 60% en tiro de campo (repetiría al año siguiente). Se convirtió en el primer jugador de la historia en promediar más de 60% en t.c y más de 80% en t.l. Su dominio fue tal, que fue incluído en el primer quinteto de la liga, dejando fuera a estrellas de la liga más mediáticas como Karl Malone o Charles Barkley.

McHale era una estrella. Incluso se llegó a discutir quien era el jugador franquicia de Celtics, si él o Bird. Nunca tuvieron problemas (que se supiera) pero Larry Bird, para despejar dudas, dijo una vez que él siempre sería el mejor jugador de su equipo. Como anécdota quedarán esos 56 puntos que McHale anotó un 3 de marzo de 1985, superados "casualmente" por los 60 que anotó Bird ante Atlanta sólo dos semanas después. Eso sí, Bird calificó a McHale como "el mejor jugador interior que he conocido".

La temporada siguiente comenzó su calvario con las lesiones (¡esos malditos talones!). McHale disputó unas finales ante Lakers en 1987 en unas condiciones precarias. El dolor era tan fuerte que cuando finalizaba cada partido tenía que utilizar muletas e incluso una silla de ruedas, para poder llegar al hotel o a casa. Aún y así, McHale jugó 40 minutos por partido y se dejó la piel cada noche. Sin recompensa: Lakers venció en 6 partidos. Inmediatamente después se operó. Tiempo después McHale reconoció que aquellos partidos acortaron dramáticamente su carrera. nunca volvió a estar al 100%.



Los años siguientes fue una lucha constante contra las lesiones. Celtics ganaban año tras años la división Atlantica, pero con Bird y McHale tocados seriamente por las lesiones, los Pistons y los Bulls se apoderaron los años siguientes de la Conferencia Este. Aún y así tuvo actuaciones destacadas en los últimos años de su carrera. En la temporada 89-90 se fue a más de 20 puntos de promedio, 18 y pico la temporada siguiente, y volvió a ser All-Star en el 89, 90 y 91, y pese que en la 92-93 (su última temporada) jugó muy mermado, aún y así, a sus 35 años, tuvo arrestos para anotarle 30 puntos en el 2º partido de la serie de playoffs ante Hornets a la imponente pareja interior formada por Larry Johnson y Alonzo Mourning.

El 30 de marzo de 1994, los Celtics retiraron la camiseta que McHale lució durante 13 años. Ese número 32 lucirá, justo al lado del 33 de Bird, para siempre, en el techo del Garden. En la ceremonía McHale tuvo estas palabras: “Creo que jugamos a este deporte de la mejor forma que se puede jugar. Fueron los mejores años de mi vida”

El adiós de uno de los mejores


Fuente: Extractos de artículos publicados en elpais.com, espn.com y efe
Febrero de 2007

Un ataque cardiaco sorprendió a Johnson cuando entrenaba a un equipo de promesas en Austin (Texas). Tenía 52 años y para los hinchas de los Celtics representaba los gloriosos 80, cuando el baloncesto dividía su entusiasmo entre Los Ángeles y Boston. Pocas veces la rivalidad ha estado mejor representada.

Los Lakers eran espectáculo, Hollywood, glamour, estrellas de cine en las gradas, contragolpes fulgurantes, los pases de Magic Johnson, los ganchos de Abdul Jabbar, el eléctrico juego de pies de James Worthy...

Los Celtics eran duros, tenaces, inteligentes, orgullosos, temibles en el juego de media cancha, donde Bird dictaba lecciones de pase, tiro y rebote; donde McHale desmentía su aspecto de armario con un primoroso arsenal de fintas; donde Parish completaba en silencio el trabajo de los dos astros; donde un base alto, corpulento y extremadamente competitivo marcaba diferencias en el apartado defensivo. Ese jugador era Dennis Johnson, el toque final que configuró a aquellos inolvidables Celtics.


Johnson ha sido uno de los atletas mas subestimados de la historia. Comenzando con su tiempo de juego en la escuela secundaria, en Domínguez High School, de su natal Los Angeles, en la que DJ nunca titularizó y jugaba unos dos minutos por partido en su año senior (último de participación), pues apenas medía 5'9" y era considerado poco atlético.

Como era de esperarse, Dennis no recibió ofertas de ninguna institución universitaria luego de su graduación de secundaria, por lo que decidió comenzar a trabajar en un almacén y seguir jugando básquetbol callejero para seguir en contacto con el deporte que tanto le apasionaba.

Tuvo la dicha de que el entrenador de Harbor Junior College (un colegio de dos años de muy bajo perfil) se encontraba en uno de sus juegos, observando a otros jugadores que participaban en el mismo y quedó impresionado con la tenacidad defensiva del diminuto base, por lo que le ofreció una oportunidad para jugar y estudiar en dicho colegio.

La suerte siguió jugando un papel preponderante en su desarrollo tardío, pues creció 7 pulgadas en los dos años que estuvo en Harbor, al tiempo que progresaba dramáticamente en todas sus destrezas. Terminó con 18 puntos y 12 rebotes por partido y en su último año de participación se había convertido en el mejor jugador del equipo.

Aún así, solamente recibió ofertas de dos instituciones de cuatro años al graduarse de Harbor; Azusa Pacific y Pepperdine. Dennis se decidió por esta última y en su único año de participación tuvo promedio de 15.7 puntos por partido, llevó al equipo a ser clasificado entre los mejores 20 de la nación y participar en el torneo de la NCAA, donde ganaron un partido a Memphis State, antes de caer en un juego muy cerrado ante la potencia de UCLA.

Al terminar ese año académico, Johnson se hizo elegible para el sorteo de novatos de la NBA de 1976, pero como era prácticamente un desconocido, fue seleccionado recién en la segunda ronda del draft por los Seattle Supersonics.



Su carrera en la NBA también se caracterizó por no ser totalmente apreciado hasta que era cambiado a otro lugar. Aunque fue seleccionado como el MVP de la final de liga del 1979 y guió a los Sonics a un campeonato y un subcampeonato en cuatro años, fue cambiado a Phoenix por Paul Westphal (un jugador generalmente catalogado como superior a él) después de la temporada 1979-80. Los Sonics ganaron 22 partidos menos en la primera temporada con Westphal y sin Johnson. Algo similar sucedió en Phoenix luego que DJ fuera cambiado a Boston por Rick Robey, luego de la temporada 1982-83. El siguiente año, los Suns obtuvieron 12 victorias menos.

A Auerbach le pareció el antídoto para detener a Andrew Toney, el tremendo anotador de los Sixers de Filadelfia, y a Magic, emperador de los Lakers. Con casi 1,95 metros y un corpachón que siempre utilizó con sabiduría para sacar ventaja frente a los bases pequeños y medirse con los más altos -Magic, por ejemplo-, funcionó como un reloj. Era el perfecto jugador para unos Celtics casi imbatibles cerca de los aros, pero vulnerables ante la rapidez de los Lakers.

La contribución de Dennis a aquel equipo maravilloso fue apreciada por sus compañeros y los aficionados. Aunque fichó ya con 29 años, su figura está asociada a un quinteto de época: él, Danny Ainge, Bird, McHale y Paris. Nombres gloriosos por convertir a la NBA en el deporte global que es hoy en día.



Entre todos, Dennis fue el profesional por excelencia, un estudioso del trabajo defensivo que se las arregló para controlar a Magic en duelos memorables. Y con una característica añadida: era un jugador para las grandes ocasiones, uno de los que mejoraban cuanto más duro era el desafío. Guardaba sus mejores momentos para las eliminatorias finales, no sólo en su especialidad, la defensa, sino también en el ataque, en el que aprovechaba su poderoso físico para anotar entre los gigantes, sobre los bases livianos que no podían detenerle cuando jugaba de espaldas a la canasta o con su probada eficacia en los tiros desde cuatro y cinco metros. No era un tirador puro, pero muchas veces decidió la victoria de los Celtics con sus suspensiones de última hora.



La prensa siempre parecía darle mayor reconocimiento a Larry Bird, Kevin McHale y Robert Parish, dando por sentado que siempre contarían con la contribución de Dennis. Sin embargo, luego de su retiro, se le preguntó a Bird su opinión sobre DJ. "Sencillamente, el mejor con el que jugado en toda mi carrera", dijo el miembro del Salón de la Fama. El comentario es impresionante puesto que, a lo largo de su carrera, Bird compartió vestuario con seis jugadores que han sido seleccionados entre los 50 mejores de todos los tiempos; McHale, Parish, Bill Walton, Nate Archibald, Dave Cowens y Pete Maravich.

Con tres títulos -uno en Seattle (1979), dos en Boston (1984 y 1986)-, seis designaciones para el mejor quinteto defensivo de la NBA, cinco veces all star, más de 14 puntos de media y un acreditado historial frente a Magic, fue el típico jugador especialmente valorado por sus compañeros. Incluso por sus rivales, no en vano el propio Magic reconoció una vez que D.J había sido el base más difícil al que había tenido que enfrentarse en toda su carrera.


Pero si hubo un jugador y compañero que mejor conocía la verdadera personalidad de Johnson dentro y fuera del campo fue el ex base Danny Ainge, actual director de operaciones de los Celtics. "Siempre fue uno de los jugadores que no recibió todo el reconocimiento que se merecía tanto por su calidad humana como profesional", declaró Ainge después de conocer el fallecimiento de su amigo y ex compañero. "Además, en mi opinión, fue una de las más grandes adquisiciones en la historia de Celtics".

Ainge recordó, que 'D.J." como también se le conoció a Dennis Johnson, tenía siempre una actitud y espíritu abierto con una personalidad súper agradable, al que le gustaba siempre sonreír y jugar al baloncesto. "La otra noche habíamos hablado un buen tiempo por teléfono para valorar aspectos del deporte del baloncesto y la gran ilusión que tenía de dirigir a su nuevo equipo de desarrollo de la NBA, los Austin Bulls", explicó Ainge.




Precisamente, Johnson falleció cuando se encontraba fuera del edificio, donde había completado el entrenamiento, y estaba sonriendo y gastándole bromas a la portavoz de prensa de los Bulls, Perri Travillion. "Ambos estábamos hablando y gastando bromas sobre la posibilidad de que le pusiesen una multa por tener mal aparcado su coche", explicó Travillion. "Nos reíamos, cuando de repente ocurrió". Travillion llamó de inmediato a los servicios de emergencia, pero el personal paramédico no pudo hacer nada por sacarlo del paro cardíaco y cuando llegó a un hospital local de Austin falleció, sin que nunca recuperase el conocimiento.

La portavoz de los Bulls dijo que Johnson no había sentido ni antes ni después del entrenamiento ningún tipo de malestar o se sintió indispuesto, simplemente colapsó de repente. El jugador Anthony Fuqua, dijo que había jugado un 1 contra 1 con Johnson después del entrenamiento y todo había sido normal. "Estuvo como siempre hablando tonterías, jugando baloncesto, regateando con el balón y tirando a canasta", declaró Fuqua. "Todo parecía normal y ahora estamos hundidos".

La oficina del comisionado de la NBA, David Stern, también dio a conocer de inmediato una comunicado oficial en el que no sólo expresan el dolor por la muerte de Dennis Johnson sino que también lo definen como un modelo a seguir. "Al margen de haber dirigidos a dos equipos al título de la NBA o de enseñar a los jóvenes como deben comportarse dentro del profesionalismo, las aportaciones de Dennis Johnson han ido mucho más lejos que lo que dio dentro de un campo de baloncesto", destaca el comunicado del comisionado.



Stern califica a Dennis Johnson como un hombre con un carácter extraordinario y una pasión tremenda por el deporte del baloncesto. "Su pérdida será sentida profundamente a través de toda la comunidad del baloncesto y todos nos unimos en el más sincero pésame que trasmitimos a su esposa Donna, sus hijos Dwyane, Dennis y Daniel, y a toda su familia y amigos".

De basurero a estrella del baloncesto

Fuente: eldiadecordoba.es

Lo de Empleado del Departamento de Mantenimiento de Frech Lick era poco más de un eufemismo. Trabajaba de basurero, y punto. Pero, desde luego, era el menos discreto de todos. No por su carácter tímido, sino porque en 1974 era el único basurero de más de dos metros de French Lick, y probablemente también de todo el estado de Indiana.

La necesidad es la necesidad, y en su casa siempre había faltado el dinero. Aunque fuera para pagar las cervezas que Joe, el cabeza de familia, consumía habitualmente. Cada vez más, y nadie podía ocultarlo. Se decía que el matrimonio Bird no funcionaba. Y es que en un pueblo de menos de 2.000 habitantes es difícil guardar un secreto.


Cada vez que Larry Bird levantaba uno de esos contenedores de basura tan característicos de las viviendas monofamiliares estadounidenses, recordaba su breve paso por la universidad de Indiana. Si aquel pueblo ya le parecía grande –Bird nació en West Baden, una aldea de 600 habitantes–, la enormidad de Indianápolis, que ya había rebasado el millón de ciudadanos, y el extenso campus de Bloomington, donde residían casi 10.000 estudiantes de los más de 30.000 matriculados en el centro académico, le resultó inabarcable.

Y el entrenador, Bobby Knight… Su anterior empleo fue como 'coach' del equipo del ejército de EE. UU.. Por eso tuvo que irse: no soportaba aquello. En el fondo, el chascarrillo entre carcajadas que siempre escuchó a sus espaldas debía ser cierto. No era más que un 'Hick of French Lick'. Un paleto de French Lick. Lo tenía asumido. Pero la vida seguía, y el deporte debía quedar al margen. Y no es fácil renunciar a algo así si vives en un estado donde el baloncesto es una religión, donde todos se declaran Hoosiers, donde la gesta que todo el mundo recuerda es aquella canasta de Bobby Plump que hizo campeones del estado a los jugadores del modesto college de Milan, otro pueblo, como French Lick, de menos de 2.000 habitantes.

Las cosas empeoraron en 1975. Para Larry cada vez era más difícil no ver a su padre borracho. Su muerte –su suicidio– no sorprendió a casi nadie. Quizá por eso volvió a pensar en el baloncesto. O tal vez no tuviera más remedio que hacerlo. Y cuando Bob King, el técnico de la menor universidad de Indiana State, se acercó a su casa para ofrecerle una salida de aquel infierno, Bird no tuvo más remedio que aceptar. Además, el de los Sycamores era un campus que se adaptaba más a lo que necesitaba que aquel de Bloomington: apenas 7.000 estudiantes cerca de Terre Haute, una población que no llegaba a los 50.000 ciudadanos. En noviembre del 75, Bird se enfundó por primera vez el 33 de los Sycamores. Indiana State ganó el partido. Por supuesto.

Lo que vino después forma parte de la leyenda: trofeo Oscar Robertson al mejor jugador universatario en 1979, finalista de la NCAA el mismo año, novato del año en 1980, tricampeón con los Celtics de Boston, tres veces MVP de la NBA, doce veces All star. miembro del Dream Team original, elegido entro los 50 mejores jugadores de la historia del baloncesto, miembro del salón de la fama de Springfield desde 1998, finalista de la NBA y mejor técnico de la Liga en 2000 y, desde 2003, presidente de operaciones del Indiana Pacers, la joya de la corona de esa Indianápolis de la que tuvo que huir, asustado, en otoño de 1974.

Pese a todo, cuando no hubo baloncesto de por medio, siempre fue un tipo tímido y humilde. No en vano un día tuvo que pasear todo su talento entre la basura de French Lick.

Si Bird fuese negro sería solamente otro buen jugador

Fuente: solobasket.com
Autor: Pedro Bringas Casado
27 de Agosto de 2007

En la final de la conferencia este de la NBA de la temporada 1986-87, los Pistons de Detroit habían sido derrotados, después de una disputada serie que llegó al séptimo partido, por los Boston Celtics que eran los vigentes campeones de la NBA. Fue la serie en la que, en el quinto partido, se produjo el famoso robo de Bird y consiguiente canasta del desaparecido Dennis Johnson.

Después del partido, el entonces rookie de los Pistons Dennis Rodman no tuvo mejor ocurrencia que decir que Larry Bird estaba sobrevalorado, porque era blanco. Cuando los periodistas fueron con el cuento a Isiah Thomas, ya entonces una megaestrella, se rió ante la pregunta y seguidamente soltó: "Si fuese negro solamente sería otro buen jugador". Un grave error propio de un novato pero no de un jugador asentado en la liga.

Los Celtics se habían clasificado para la final de la NBA contra los Lakers, pero todo el país, incluso fuera del ámbito del baloncesto, no hablaba nada más que de las palabras de Thomas. Una de las réplicas más ingeniosas la dio Franck Layden, por entonces entrenador de los Jazz, cuando dijo “pues ni me había percatado de que Bird era blanco o negro, ni siquiera sabía que fuese humano”.

Poco después, durante una reunión de los Celtics en un hotel de Los Angeles, donde se encontraban preparando la final, sonó el teléfono y K.C. Jones pasó el teléfono a Bird. Era Isiah Thomas llamando para disculparse. Al parecer Larry Bird no le había dado demasiada importancia al tema hasta entonces. Fue al oír la voz del base de Detroit cuando se dio cuenta que algo estaba sucediendo.

Durante la conversación trató de intentar tranquilizar a Thomas y convencerle de que no había pasado nada. Después sí le pidió algo: que llamase a mamá Bird, una gran seguidora de Indiana University y de Thomas cuando jugaba para los "hoosiers".

La NBA, como siempre preocupada por su imagen y de todo lo que tiene que ver con ella, llevó a Thomas a Los Angeles para una conferencia de prensa a la que entró acompañado de Larry Bird. Al parecer los periodistas no se calmaron, después de haber centrado sus preguntas y correspondientes palos en Thomas, hasta que Bird decidió levantarse e irse proclamando que ya había oído todo lo que necesitaba oír, que el tema ya estaba aclarado con Isiah y que lo que tocaba en aquel momento era concentrarse y prepararse para la final ante los Lakers.

La realidad es que, desde que pronunció esas palabras, la reputación de Thomas se resintió durante toda su carrera en la NBA. Los mal pensados pudieron pensar luego que Bird mintió cuando le quitaba hierro al asunto y que, en realidad, se la estuvo guardando a Thomas durante mucho tiempo hasta que, como directivo de los Pacers, le echó del banquillo del equipo de Indiana.

La competitividad de Bird

Fuente: acb.com
Autor: Juan Francisco Escudero

7 de Diciembre de 2006

En un universo dominado en su mayoría por hombres atléticos, fibrosos, y musculados, existió también espacio entre la excelencia para un jugador que no respondía a estos cánones físicos imperantes en la era moderna de la NBA. Es más que probable que la tendencia en el futuro del baloncesto, en lo referente a los jugadores dominantes, vaya hacia la unidimensionalidad, encarnada en atletas muy fuertes y provistos de una capacidad física que les haga prevalecer sobre el resto, sin embargo, podremos contar a nuestros nietos cómo hubo un tiempo en el que un tipo blanco, más bien rellenito, que no era demasiado rápido y que saltaba lo justo, siendo generosos, fue capaz no solo de reunir en torno a su figura una aureola de terror e invencibilidad, sino de recuperar durante una década la mística perdida de la franquicia más laureada en el deporte norteamericano.

Recordemos algunos de sus momentos más significativos. Este puede ser el comienzo de una gran... rivalidad. Aquel día de la primavera de 1979, un abatido “Sycamore” de Indiana State con el número 33 a la espalda recurrió a su orgullo y se prometió a sí mismo que habría una futura ocasión, y que terminaría de manera bien distinta. Su gran enemigo le había superado en el momento más importante. Y como todo en la vida, aquella ocasión se presentó. Larry y Magic, Magic y Larry, tanto monta, monta tanto. La mayor rivalidad que ha conocido el baloncesto profesional en América conocía un nuevo resurgir con la llegada de estos dos monstruos al primer plano de la actualidad y su primer enfrentamiento en una final profesional, un hecho largamente esperado por los buenos aficionados en general.

Las series finales de 1984 comienzan con dos partidos en el Boston Garden en los que cada equipo consigue llevarse el gato al agua en una ocasión, de forma agónica los Celtics en el segundo, de forma más clara los Lakers en el primero. Pero tras el tercer capítulo de este particular drama a siete actos disputado en el viejo Forum, una tremenda paliza que eleva a los altares al show-time, al “pass & run” de los Lakers, el capitán Larry Bird realiza las famosas declaraciones en las que tilda a sus compañeros como “sissies”, calificativo en el que se auto incluye. Ya nada sería igual, declaraciones como estas a menudo tienen el efecto contrario al que buscan... pero no en esta ocasión.

En el cuarto lo verdaderamente importante es la nueva disposición anímica de los Celtics, han reconocido abiertamente que con la actitud del tercer partido no van a ningún sitio. Unos segundos después de una disputa verbal bastante acalorada entre Magic y M.L. Carr (el famoso agitador de toallas del Garden), el aparentemente tranquilo K.C. Jones recibe una técnica por parte del árbitro Jess Kersey. La cosa empieza a calentarse, los ánimos se caldean, el share se dispara, los espectadores se arremolinan ante el televisor, se empieza a fraguar la tángana, se huele la sangre...

Tras canasta de Michael Cooper, todavía en el segundo cuarto, Larry Bird desplaza con sus posaderas al liviano base angelino contra los fotógrafos de prensa a la hora de sacar de fondo.

En el tercer cuarto llega la jugada decisiva del partido, y quizás de toda la serie, la que marcaría un punto de inflexión claro, con 76-70 en el electrónico y tras un fallo en el tiro de Dennis Johnson, se monta el habitual contraataque de los Lakers, Jabbar saca largo sobre Worthy que pasa inmediatamente a Kurt Rambis, el cual llega por la calle derecha según su ataque dispuesto a dejar la bandeja fácil. Pero Kevin McHale no lo permite, agarra del cuello al incrédulo Kurt, y en una acción violenta lo tira al suelo sin ninguna contemplación con evidente peligro para la integridad física del osado ala-pívot rubio. Evidentemente ambos banquillos se vacían inmediatamente en busca de gresca y en defensa de sus respectivos compañeros. Como declararía Pat Riley (el entrenador de L.A.) al final de partido, “los Celtics se comportaron como un puñado de matones”.

Pero aquí no acabaría la cosa, unos minutos más tarde, Kareem falla uno de sus “sky-hooks”, pelea por el rebote ofensivo con Bird, soltando los codos y alcanzando la cara del bostoniano, Bird le pide explicaciones y se vuelve a montar la de Cristo a base de improperios mutuos, Kareem manda a Larry varias veces a ese sitio al que ninguno nos gusta estar y la temperatura emocional sube por momentos.

El accidentado tercer período acaba con 90-88 pero con la sensación de que Boston ha recuperado el aliento y se siente más cómodo en este ambiente hostil, su nivel de intensidad ha crecido hasta ser competitivos de nuevo, es la ocasión de dar un golpe de mano en L.A. Tras llegarse a la inevitable prórroga, la igualdad se mantiene hasta el empate a 123... En el banquillo de Boston, un tipo rubio grita: “YOU WANT TO WIN THE GAME? GIVE ME THE BALL AND GET OUT OF MY WAY”. Bird cumple la promesa y M.L. Carr rubrica la victoria.

Las tornas han cambiado, los “Thugs”(matones, delincuentes, según declara Pat Riley) de Boston toman el control, han olido la sangre y se ceban en el enemigo público Nº 1 de los Celtics. Muchos años más tarde algunos de los protagonistas rememoran lo ocurrido. M.L. Carr: “We used to call him “Cheesy” Johnson, we hated him, we hated his perfect smile, everything he represented”. Cedric Maxwell: “After those two unforced errors he made in the second game and right before overtime in the fourth, we nicknamed him with the alias “Tragic” Johnson”.

Al final Bird consigue su venganza en siete partidos y la pesadilla se desvanece por arte de Magia (“You get frustrated when you lose knowing you´re the better team, especially Larry beating me. That struck me for a long time”).

Hay quien dice que su pretendida pose como amigos entrañables, iniciada tras la grabación de su famoso anuncio para la marca de zapatillas Converse y mantenida hasta las respectivas retiradas de ambos, no era más que eso, una pose, una teatralización, pero que en el fondo se odiaban, al igual que el resto de sus compañeros, mostraban una rivalidad extrema debido a que representaban valores demasiado diferentes, casi opuestos.

En una ocasión Larry Bird declaró (refiriéndose al propio Michael) que Dios había bajado del cielo y se había disfrazado de jugador de baloncesto, pero a Larry no le hacía falta llegar a esos extremos para demostrar su categoría, simplemente le bastaría con convencer al propio Dios para que moviera las canastas y las colocara en el sitio adecuado cuando él soltara el balón.

El “Oliver Twist” del Viejo Boston Garden Charles Dickens nunca pensaría que uno de sus personajes más famosos serviría de inspiración para una de las historias más singulares y crueles que tuvieron lugar en la mejor liga de este loco deporte de nuestras entretelas. Hagamos memoria... Unos guantes de boxeo colgados de una de las gradas y un cartel rememorando el viejo Oeste americano de John Wayne formaba parte del comité de bienvenida con el que los aficionados verdes obsequiaban a los Bad Boys de Detroit y a su principal cabecilla, el odiado Bill Laimbeer. Las marcas de guerra en la cara y en el cuerpo de “Wild Bill” denotaban perfectamente que el tipo no saltaba a la cancha precisamente a bailar ballet y a repartir rosas, sino a hacerse respetar.

Pero el tiempo transcurre y faltan solo 5 segundos para terminar el partido y el resultado es de 106-107 a favor de los visitantes Detroit Pistons, los cuales además tienen la posesión de balón en su propio campo y van a sacar de banda desde el lado derecho según su ataque. El entrenador de Detroit, Chuck Daly, se desgañita desde su banquillo al otro lado de la pista pidiendo a sus jugadores que soliciten tiempo muerto al árbitro principal. Pero el quinteto en pista, llevado por el ambiente y la tremenda descarga de adrenalina, desoye las instrucciones de su entrenador. Isiah Thomas recibe el balón del árbitro y ve desmarcado a su compañero Bill Laimbeer, y pone la bola en juego de forma precipitada. El resto es historia... "Now there's a steal by Bird! Underneath to DJ! He lays it up and in!! ... What a play by Bird! Bird stole the inbounding pass, layed it up to DJ, and DJ layed it up and in, and Boston has a one-point lead with one second left! OH, MY, THIS PLACE IS GOING CRAZY!!!" No creo necesario traducir las palabras que el recordado Johnny Most pronunció en aquella memorable ocasión, describen perfectamente los cuatro segundos más famosos de la carrera del número 33 de los Boston Celtics, Larry Bird.

Larry declararía al final del partido lo siguiente: “Lo lógico era hacer falta cuanto antes para parar el reloj y llevarlos a la línea, teníamos cinco segundos por delante y una oportunidad para ganar o al menos empatar el partido. Me extrañó que los Pistons no pidieran tiempo muerto, así que cuando vi que Laimbeer sería el receptor del pase de Thomas lo único que pensaba era en hacerle falta y no dejar correr el tiempo. Jerry (Sichting) hizo un buen trabajo dificultando el campo de visión de Isiah, lo que me dio el tiempo suficiente para llegar a interceptar el balón y pasar a Dennis Johnson”. La demostración de sangre fría y determinación resultó demoledora. O acaso se tratase de un milagro.

Pero lo que no demasiados conocen es el lado oscuro de Bird como furioso “trash-talker” . Y esta circunstancia nos ha dejado momentos impactantes, bastante habituales en la NBA actual, por cierto. Citaremos algunos ejemplos de Bird y su lengua viperina en completo funcionamiento: La famosa noche en el año 1984 en la que se pasó todo el partido provocando a Julius Erving, jaleando cada canasta que anotaba en la cara del Dr. J. y burlándose de su pobre juego. Cuando Bird había ya anotado 42 puntos y Erving solo 6, éste se cansó y la chispa saltó enseguida, formándose la inevitable tángana. Ambos resultaron expulsados, lógicamente.

En el All-Star weekend de 1986 se celebraba el primer concurso de triples. Al llegar al vestuario Bird anunció a sus rivales que vencería fácilmente y preguntó quién estaría dispuesto a ser segundo. Al año siguiente, en Dallas, repitió la jugada, a lo que su colega Danny Ainge, rival en el concurso, contestó, dirigiéndose al resto, “vosotros solo tenéis que aguantarle un día, pero es que yo tengo que aguantarle alardear toda la temporada, es un suplicio”.

En un partido igualado en Seattle, temporada 1985-86, Bird indicó el sitio exacto desde donde anotaría la canasta ganadora al rookie Xavier McDaniel. Con dos segundos por jugar y tras tiempo muerto, Bird recibió de espaldas al aro con Mr X marcándolo, y tras una finta se echó hacia atrás y anotó desde el lugar exacto desde donde predijo en la cara del atribulado jugador de los Sonics.

En un partido en Indiana, precisamente el día de Navidad, le dijo al jugador local Chuck Person que le haría un regalo de Navidad. Bird intentó un triple, con Person sentado en el banquillo a pocos metros de él, y mientras el balón volaba hacia el aro, Bird espetó, “Merry fucking Christmas”. Por supuesto, anotó la canasta, y la traducción nos la ahorramos para no herir susceptibilidades, o por si hay niños despiertos a estas horas.

Bill Walton cuenta que en su año sano en los Celtics un día Kevin McHale estaba lesionado y el ocuparía su puesto en el quinteto. Se dirigió a Bird diciendo algo así como: “hoy que Kevin no juega yo me ocuparé de hacer sus tiros y anotar sus puntos”, a lo que Larry espetó: “Ni hablar, cogerás sus rebotes, yo me encargaré de los puntos”.

Y así podríamos seguir, pero estas pinceladas son suficientes para crearnos una idea de la competitividad sin límites propia de una figura decisiva para entender la NBA de hoy en día. El hombre tranquilo, el calificado a sí mismo como “Hick from French Lick”, el provinciano, ya cumple medio siglo. Sin duda, el hecho constituye un motivo de celebración.

El paleto de French Lick, Larry Bird

Fuente: Solobasket.com
Autor: Pedro Bringas Casado
7 de Julio de 2007

Al inicio de la primera temporada de Larry Bird en Indiana State University, no acudían al pabellón de la universidad más que cuatro mil personas. Era una asistencia ridícula comparada con los llenos que se producían cada vez que jugaba el mejor equipo de Indiana: los “hoosiers” de Indiana University, con Bobby Knight al mando. Hay una pequeña historia que explica por qué el mejor jugador que ha dado el estado de Indiana eligió jugar para la hermana pobre, con la que acabaría jugando la final de la NCAA de 1979 frente a la vencedora Michigan State de “Magic” Johnson. La rivalidad de los dos jugadores que acabarían convirtiendo a la NBA en lo que es hoy en día, acababa de empezar, pero eso es otra historia.

De todas las ofertas que Bird tuvo para iniciar sus estudios universitarios, se inclinó por la que parecía la elección obvia para alguien de Indiana: la Indiana University del gran Bobby Knight. El entrenador jefe de I.U. había visto jugar a Larry en High School tres o cuatro veces y lo acabó firmando en la primavera 1. 974, cuando Bird cumplía su año senior en su instituto. Por aquel entonces el futuro alero de los Celtics no había alcanzado todavía la plenitud de su desarrollo físico. “Entonces no podía imaginar en qué se acabaría convirtiendo Bird, pero estaba seguro de que sería un muy buen jugador para nosotros”, explica Knight.



Cuando Larry se mudó a la capital del estado, prácticamente no había salido de su pequeño pueblo, French Lick, uno de los más pobres de un condado de entre los más míseros del estado. Cuando se unió a su universidad todo era grande para aquel chico de pueblo, las distancias, las clases, el número de estudiantes. Además, estaba la cuestión económica, con apenas unos dólares en el bolsillo tenía que llevar la ropa prestada de su compañero de habitación, Jim Wisman, que también le dejaba dinero cuando lo necesitaba. Bobby Knight recuerda que haber puesto a esos dos jugadores como compañeros de habitación fue un error por su cuenta. Eran caracteres demasiado diferentes.

El choque de pasar de vivir en un pueblo, de apenas dos mil habitantes, a hacerlo en un campus universitario de más de treinta mil estudiantes fue tan grande y las sensaciones tan malas, que Bird decidió dejar el equipo y la universidad sin comentárselo ni a su entrenador ni a su propia familia. Larry no llegó a durar ni un mes y su equipo no había empezado a jugar. Simplemente empaquetó sus pocas pertenencias, fue caminando hacia la autopista e hizo autostop hasta que consiguió llegar a su pequeño pueblo.

Knight simplemente le dejó marchar. “Tenía muy buenos jugadores que estaban felices por estar donde estaban y estaba construyendo un gran equipo. No llegué a saber qué tipo de jugador acabaría siendo Bird hasta su año como junior en Indiana State”.

Bird explica el porqué de su marcha: “La gente pensó que hubo algún problema entre Knight y yo, pero no es cierto. La universidad era demasiado grande y yo añoraba mi casa”. Larry volvió a French Lick, donde trabajó para el ayuntamiento local cortando el césped, pintando bancos o conduciendo el camión de la basura.


Después de un año, inició sus estudios en Indiana State, donde tuvo que pasar un año sin jugar por haber cambiado de universidad. Los Sycamores, en las tres temporadas de Larry Bird en el equipo, lograrían un récord de victorias de 81-13 (50-1 jugando como locales). En su temporada como senior las estadísticas se fueron hasta los 33-1.

Fue cuando todavía le faltaba un año para acabar sus estudios cuando Red Auerbach le elegió con el número seis del draft de 1978. Al finalizar su etapa universitaria y conseguir el un contrato récord, por aquel entonces, como novato mejor pagado de la historia de la liga (firmó un contrato por tres millones de dólares) dijo aquello de que: “No importa lo bueno que soy, sigo siendo sólo un paleto de French Lick”.

Larry Bird anuncia su retirada del baloncesto

Fuente: El País
19 de Agosto de 1992

Los dolores de espalda provocan el adiós del jugador de los Celtics a los 35 años.


Larry Bird, de 35 años, una de las grandes estrellas de la NBA en la última década, anunció ayer su retirada del baloncesto. Los continuos dolores de espalda han conseguido doblegar al carismático alero de los Celtics de Boston. Bird, integrante del Equipo de Ensueño que ganó la medalla de oro en los pasados Juegos de Barcelona, fue duda hasta última hora para acudir a la cita olímpica. Artírice junto a Magic Johnson de la revitalización de la NBA, Bird ocupará un cargo no precisado en el organigrama del club de Boston.

El signo de la tragedia

Visiblemente triste y emocionado, Bird se enfrentó a su última conferencia de prensa como jugador profesional vestido con un jersei deportivo en el que predominába el color negro. "Voy a echar de menos estos 17 años como jugador [13 de ellos en la NBA] y el no poder enfrentarme más a Magic, pero hoy no es un día triste. Sabía que este momento tenía que llegar y me he preparado para ello", comentó. El jugador saltó por última vez a una cancha durante los pasados Juegos Olímpicos de Barcelona. La final contra Croacia fue su último comprorniso como profesional.

No pudo despedirse mejor: Estados Unidos ganó el oro.

Durante la primera mitad no participó en el partido. En la segunda parte jugó doce minutos, sin conseguir una sola canasta. Sin. embargo, en los otros siete encuentros olímpicos sumó 67 puntos, recogió 30 rebotes y dio 7 asistencias. "Es una buena sensación retirarse como vencedor", comentó.

Bird explicó que los dolores de espalda que sufre desde hace u.nos dos años le han impedido rendir al ciento por ciento en la competición. Descartó, asimismo, la posibilidad de seguir la próxima temporada con los Celtics disputando sólo los partidos que se jueguen en Boston: "En el baloncesto hay que jugarlo todo o nada. No podría participar sólo en la mitad de la competición. No va conmigo. Nunca más volveré a jugar al baloncesto de forma profesional. No importan los rumores que oigan a partir de ahora, o el próximo año, o el otro... Me hubiese gustado jugar un par de años más, pero mi retirada es definitiva". Durante la conferencia de prensa, el alero de los Celtics efectuó una precisa descripción de su dolencia: "El sufrimiento va desde la espalda hasta los pies, cada vez de una manera más intensa".

Larry Bird deja tras de sí un asombroso historial deportivo En tres temporadas fue declarado Jugador más Valioso de la NBA (1984, 1985 y 1986), la más grande distinción que cualquier baloncestista puede recibir. Asimismo, contribuyó a que los Celtics lograran tres títulos absolutos (1981, 1984 y 1986) y en once ocasiones fue seleccionado para el equipo de las estrellas (All Stars) del campeonato estadounidense.

75 partidos por año

Nacido en Indiana, Bird fichó por los Celties en 1979. De 2,06 metros de altura, jugó una media de 75 partidos por temporada hasta que, en la campaña 90-91, comenzaron a aflorar sus problemas de espalda. Ya ese año no pudo jugar la fase final de la Liga. El 7 de junio de 1991 pasó por el quirófano. El problema pareció resuelto, pero, según reconoció el mismo jugador, "mi espalda nunca volvió a ser la misma". Durante la pasada temporada, la última como profesional, Bird jugó sólo 45 partidos. Considerado el compañero perfecto, gracias a su perfecta visión del juego, a su precisión en el pase y a su eficacia anotadora y reboteadora, el alero de Boston de a las siguiente estadísticas: 24,3 puntos de media por partido, 10 rebotes y 6,3 asistencias. Su cuenta anotadora alcanza los 21.791 puntos, la undécima mejor en toda la historia de la NBA. "He dado mi corazón, mi alma y mi cuerpo a los Celtics. Espero mantener una buena relación con el club", manifestó.

David Gavitt, vicepresidente del club, anunció poco después que Bird seguirá ligado al club encargado de diversos tareas relativas con la organización del club y sus relaciones sociales y actos de caridad. "He aprendido lo que significa formar parte de la familia de los Celtics y siempre que me necesiten me tendrán a su lado", señaló el jugador.Las reacciones al anuncio de retirada de Bird no se hicieron esperar. "Ha sido el único jugador al que he temido en una cancha. Siempre me ha encantado enfrentarme a él porque era un hombre muy inteligente. He visto siempre sus partidos para aprender más y más", declaró Magic Johnson.

La leyenda de Larry Bird crece día a día

Fuente: El País
Autor: C. L. Smith Muñiz
15 de Marzo de 1986



La leyenda de Larry Bird, uno de los principales jugadores de la Liga Profesional de Baloncesto norteamericana (NBA), sigue llenándose de mitos. El jueves, cuando K. C. Jones, el técnico del Boston Celtics, dijo al comienzo del entrenamiento que todos podrían irse de fiesta si alguien encestaba desde media cancha, Bird tomó el balón y lo lanzó sin vacilar. Fue una canasta que tocó apenas la malla. Mientras sus compañeros de equipo se asombraban, Bird se encogió de hombros y manifestó: "Los muchachos están cansados, nadie quiere entrenarse". Bird es el único que ha conseguido situarse entre los diez primeros en cinco categorías diferentes: es cuarto en puntos por partido (con 25,3), octavo en rebotes (con 10,2), primero en tiros libres (con el 89,9%), noveno en tiros de tres puntos (con el 36,8%) y séptimo en robos de balón (con 2,16).


Larry Bird es la razón por la que los Celtics (50-12) casi nunca pierden. Mide 2,02 metros, que no es mucho en la NBA, y pesa 100 kilos, pero domina la cancha como un gigante. Contra el Portland Trail Blazers, el 14 de febrero, encestó siete de 21 canastas con la mano izquierda. El año pasado, en el quinto partido de la serie de desempate contra el Detroit Pistons, le preguntó al base Isiah Thomas si había acabado de lucirse en el contraataque de su equipo, que amenazaba con tomar la delantera. "No", contestó Thomas. "Bueno, acabaste ya porque ahora me toca a mí", dijo Bird. Ganaron los Celtics por 130-123.

El viernes, antes de la victoria por 115-108 sobre los New York Knicks, Bird se apostó cinco dólares con el masajista de este equipo a que encestaría una canasta de tres puntos usando el tablero. Cuando lo logró en el tercer tiempo, a nueve metros de distancia, todos los jugadores del Boston Celtics que estaban en el banquillo se levantaron con las manos abiertas en señal de cinco y señalaron hacia los Knicks. "Es el mejor jugador de siempre", dice Don Nelson, técnico del Milwakee Bucks.

El promedio de Bird en seis temporadas y media es de 23,8 puntos, 10,6 rebotes y 5,9 asistencias. Ha encestado el 49,4% desde la cancha y el 86,6% desde la línea de tiro libre. Otros grandes del deporte, como Elgin Baylor y Oscar Roberson, tienen más puntos o más rebotes, pero nadie es mejor que Bird en todas las categorías."Antes de Bird, yo vacilaba en escoger al mejor", dice Bob Cousy, otro de los mejores bases de la historia y hoy día comentarista de televisión. "La polémica parecía no tener ningún propósito. Pero Bird llegó con todas las habilidades, con todo lo que un jugador debe hacer", añade.Hace tres semanas, Bird era el único en la defensa cuando tres jugadores de los Nuggets de Denver contraatacaban. Él desvió el pase, se lanzó al piso, agarró el balón y, de rodillas, dio un pase de contraataque en la otra dirección. "Si le miras a los ojos", dice el alero Dominique Wilkins, del Atlanta Hawks, "verás a un asesino".